Localizada en el municipio de Temascalcingo, en el Estado de México, Santiago Coachochitlán es una comunidad mayormente conocida por su actividad alfarera. A su vez, cada 25 de julio se viste de fiesta para homenajear al santo patrono que le da nombre. Con ocasión de la cercanía a tales días de celebración, asistimos para apreciar su singular templo, que aunque de pequeñas dimensiones, cuenta con singulares tesoros artísticos. A su vez, ofrecemos a continuación una breve semblanza del inmueble, así como de la tradición alfarera que en esta población se realiza.

Aspectos referentes a su parroquia.
Como en diversos sitios, la edificación que actualmente apreciamos como templo de la comunidad, es el resultado de cambios a lo largo de los años. Todavía hacia los años 70, este templo, junto con varios en el Estado de México, fue objeto de estudio por el investigador José Rogelio Álvarez Noguera, formando de este modo parte de su compendio titulado El patrimonio cultural del Estado de México. De esta obra también se desprenden algunas imágenes que nos permiten apreciar su aspecto original en la fachada, aún sin estar recubierto por cantera. A continuación algunas de sus observaciones más significativas.
La obra de Santiago Coachochitlán es quizá la única edificación religiosa del municipio construida y mantenida por una celosa comunidad integrada casi exclusivamente por indígenas mazahuas. Es notable por la riqueza de algunos de sus elementos y por la sobriedad y elegancia con que se emplearon las soluciones constructivas regionales en la solución del espacio de la nave […] A una masa, pues, caracterizada por su vinculación formal y espacial con la arquitectura vernácula regional, destinada a alojar las ceremonias y organizaciones del culto católico, se añadieron, con ingenuidad y muy buena fortuna, una portada de gran valor por lo que de interpretación popular tienen los elementos barrocos que la componen así como una torre de campanario no solamente muy bien realizada, sino sorprendentemente apoyada.
Como anteriormente mencionábamos, la reseña adjunta algunas fotografías que facilitan la comprensión de esta descripción, donde contrastándolo con la actualidad, es posible ver algunos cambios tanto en el templo como en su entorno. En el caso del templo, aún techado por tejas, con el atrio circundado por una barda de pequeña altura, y algunas casas de adobe también en las cercanías al templo, todo ello características que para el observador, principalmente aquel que lo ha podido hacer presencialmente, marcan su distancia con el aspecto moderno en este inmueble.
Así por ejemplo, encontramos la adición de dos capillas laterales, que hacen del templo haber pasado de una nave a contar con planta de cruz latina, el techo, ya mencionado, de concreto, la adición de la cantera, la delimitación del atrio también con un enrejado, la construcción de un arco de acceso frente al templo, y quizá la remodelación del propio atrio. Lamentablemente del interior del templo no es posible conocer el aspecto original en la época.
La efigie de Santiago Matamoros es una escultura de tamaño cercano al natural, anónimo como la mayoría de imágenes de la época. Aunque tiene rasgos semejantes a los de otras poblaciones cercanas, en particular, las de Santiago Yeche, Santiago Acutzilapan y Santiaguito Maxdá, a su vez hay algunas características que lo alejan un tanto de estos tres ejemplos, como el sombrero esculpido, los moros bajo del caballo, y el rostro mismo del apóstol, donde alcanzan a apreciarse ligeramente los dientes, algo inusual en otras imágenes de este santo en la región, incluso de otras no tan semejantes a la de los poblados ya mencionados. Los lienzos que componen el retablo parecen haber sido hechos por algún pintor local, siendo aventurado todavía poder señalar la autoria, aunque por el colorido recuerdan un tanto la obra del pintor atlacomulquense José Vicente Montiel, sin embargo, esta afirmación tampoco puede ser concluyente.











Historia de un pueblo alfarero
Mención aparte al testimonio de Álvarez Noguera viene de la mano del autor holandés Dick A. Papousek, cuya obra, traducida al español como Alfareros campesinos mazahuas, se enfoca en una investigación de campo acerca de los procesos de adaptación de los alfareros en las localidades de Santa María Canchesdá, San Juanico y Santiago Coachochitlán. Este trabajo, por si solo resulta interesante, ya que a pesar de tratarse de un trabajo de corte científico, el autor no deja de hilar sus hallazgos casi a manera de relato anecdótico, el cual, al abarcar una amplitud considerable, no podemos compartir de manera integra, aunque compartimos algunos fragmentos significativos, así como imágenes que acompañan el trabajo.

La investigación fue realizada en tres momentos, los años 1967, 1974 y 1976, resultando el segundo de estos períodos del que rescatamos a continuación los siguientes aspectos, que en parte nos ayudan a conocer parte del entorno de esta población durante la época:

En general, en 1976 la zona tenía un aspecto más próspero que en 1967. Esto fue así, en primer lugar, porque la mayoría de las casas habían sido pintadas de blanco. En los sesentas, una casa blanca indicaba el alto status de sus habitantes: solo los «ricos» vivían en una casa así. En San Juanico y Santa María la mayoría de las casas de mestizos eran blancas, mientras que en los barrios indígenas, como en Santiago, una casa pintada de blanco solo se veía rara vez. En tal caso, esto era un signo claro de que ahí vivía un comerciante o tendero, o a menudo una combinación de los dos […]

Sin embargo, también ha habido cambios que no son directamente atribuibles a la gente de fuera. Por ejemplo, el elemento indígena prácticamente ha desarparecido del vestido del hombre. La faja se usa ahora menos, y los pantalones largos de manta blanca con la camisa, los usan aún menos hombres que los pocos que lo hacían en 1967 […]

Respecto a los artículos de loza también ha habido cambios, lo mismo que en la tecnología de producción. Para empezar con estos últimos, los cambios son limitados. Todavía no se usa el torno y no parece que esto vaya a cambiar en el futuro […] Algunos inspirados por el horno de túnel de Santiago, han tratado de cambiar al uso de petróleo como combustible, pero los resultados no fueron buenos y la maquinaria se desechó […]
Hay cambios más evidentes en los productos. Sobre todo es asombroso el enorme incremento en la producción de piñatas [el autor se refiere a las vasijas para elaborar piñatas] En 1960 todavía no se fabricaban piñatas en los pueblos; pero en 1962, uno de los comerciantes trajo algunos moldes y pregunto a «sus» alfareros que si podían trabajar con ellos. Esto no resultó ser problema – ya que una piñata apenas difiere, en forma, de una olla- y de este modo empezó su producción. Ahora la situación es tal, que la mayoría de los alfareros hace piñatas y durante alrededor de seis meses del año casi no se produce ninguna otra cosa.
En Santiago, dos hermanos y sus familias se han dedicado en los últimos años a la producción de parrillas para cacerolas eléctricas- platones de cerámica con un perfil donde se puede colocar un cable eléctrico. La producción de parrillas empezó hace varios años, cuando un negociante de Temascalcingo descubrió accidentalmente que en la ciudad de México había demanda para tales artículos. Interesó a un conocido de Santiago con la idea, le prestó dinero para la producción, le ayudó con el transporte, y el resultado fue una relación comercial entre los productores y el comprador de México.

Estos han sido solo algunos aspectos relevantes, referentes a la producción alfarera de esta población, donde si bien, hoy en día se mantienen vigente, como se aprecia en la narración, comenzó con un proceso de cambios y evolución que terminaron por transformar y diversificar su producción de una principalmente basada en loza, a otra con variedad de artículos que dan identidad y sustento a sus pobladores.
Álvarez Noguera, J.R; (1981) El patrimonio cultural del Estado de México. México. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.
Papousek, D. A.;(1982) Alfareros-campesinos mazahuas Situación de estímulo y procesos de adaptación. México. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.








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