La fiesta de la Santa Cruz, como comúnmente se denomina a esta celebración, es una festividad que surgió, de acuerdo con la tradición, en el día en que fue encontrada la Vera-Cruz, es decir, la verdadera cruz de Cristo, por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en los tiempos en que la anterior se propuso recuperar diversas reliquias. Desde entonces se instituiría esta fecha como parte de la celebración en honor a este signo. El nombre de Vera-Cruz quedaría, por su parte, asociado en México más tarde a una ciudad y entidad, que en sí lleva en su nombre el significado ya mencionado.

Existe, por su parte, el 14 de septiembre, la fiesta de la Exaltación de la Cruz, actualmente la oficialmente reconocida por la iglesia para recordar universalmente la Cruz, pero que goza de menor popularidad en muchos lugares, como México, por el arraigo de la del 3 de mayo, razón por la cual oficialmente sigue siendo reconocida esta fecha en nuestro país por la autoridad eclesiástica. Curiosamente, la fiesta del 14 de septiembre recuerda la edificación de la Basílica del Santo Sepulcro, algo que contrasta con el hecho de la celebración que llevan a cabo los albañiles no este, sino el 3 de mayo.
La Cruz Tequitqui
Tras iniciar el periodo de evangelización en México, el arte siempre fue uno de los elementos que mas se usó en prácticamente todas sus ramas existentes para convertir a los pueblos originarios. Uno de ellos fue a través de la escultura, inicialmente manifestada en las construcciones y las cruces atriales de las iglesias. Estas ultimas muchas veces tenían la función de congregar a los fieles recién convertidos para las celebraciones, considerando la poca costumbre que tenían de participar en ritos dentro de espacios cerrados. Como fueron elaboradas por los indígenas, estas recibieron el nombre de tequitqui, palabra de origen náhuatl que responde a las voces «tequit: tributo, e itqui: sufijo que señala el sujeto que realiza la acción, tributario» (Romano, 1995)
Estas cruces en su forma más simple presentarían una forma arbórea, que recordara el simbolismo del «árbol de la cruz», en otros casos presentaría las llagas de cristo, y finalmente, las «Arma Christi», o símbolos de la Pasión, encabezados por el Divino Rostro en la parte central de las cruces. Hubo, por su parte, ocasiones en que se llegaron a policromar dichas cruces. Actualmente, varios lugares, principalmente en el centro de México, conservan extraordinarios ejemplos de estas cruces: (En orden de aparición, cruces de Malinalco, San Felipe Tlalmimilolpan, Santiago Acutzilapan, Museo de la Basílica de Guadalupe y Valle de Bravo)
Subida a los picos sacros: Municipio de Atlacomulco.
Una costumbre muy arraigada en diversos pueblos indígenas es la subida a la cumbre de los cerros, en muchas ocasiones en torno al 3 de mayo, aunque también variando en otras fechas. Es de recordar que para muchos de estos grupos originarios antes de la conquista los cerros eran lugares de contacto con lo divino, y en los casos de los pueblos originarios que no edificaron grandes templos, el lugar donde se rendía culto a lo divino, como sucedió por ejemplo con los mazahuas. Tal es el caso anterior de la localidad de Santiago Acutzilapan, donde cada 3 y 8 de mayo se tiene la costumbre de subir a dos cumbres diferentes para rendir culto a la Santa Cruz y el arcángel San Miguel. En el caso de la fiesta de la Cruz, se resiste a desaparecer, a pesar de haber sido un tanto mayormente concurrida en épocas pasadas.






Otra festividad relacionada con la Santa Cruz y la subida a otro cerro sagrado se realiza en la vecina localidad de San Felipe Pueblo Nuevo. En este caso el protagonista es el Xócotépetl, una de las principales elevaciones montañosas de México y que desde la época prehispánica goza de gran importancia para los pueblos mazahuas de la región. La imagen venerada por estos pueblos, sin embargo, no es festejada el 3 de mayo, sino el miércoles de ceniza. En particular destaca por ser una cruz tipo «Arma Christi» que no obstante siempre permanece cubierta por lienzos, mostrando solamente la Santa Faz o «Divino Rostro», siendo este último el nombre bajo el que se le venera. Finalmente, en la cabecera municipal a la que pertenecen estos dos pueblos se encuentran varias cruces que alguna vez sirvieron como mojoneras de los barrios de Atlacomulco.




Santa Cruz Tepotzotlán, la devoción a la Cruz
En un ambiente semi rural, a pesar de la poca cercanía a los municipios conurbados con la Ciudad de México, se encuentra Santa Cruz, población perteneciente al municipio de Tepotzotlán. La localidad en sí es pequeña y modestisima, lo mismo que el patrimonio artistico que evidencia en su templo, de no ser por una magnífica cruz tequitqui, esculpida con las «Arma Christi», que llama poderosamente la atención de propios y extraños. El templo, por su parte, resguarda un antiguo crucifijo, de proporciones inferiores al natural pero que no por ello deja de ser de relevancia histórica.





La festividad se realiza el fin de semana mas cercano al tres de mayo, y aunque también la fecha litúrgica no pasa desapercibida, la mayor parte de los actos litúrgicos y populares tienen lugar en los días ya señalados, como es costumbre en diversos puntos de este municipio, entre ellos, la fiesta del Señor del Nicho, imagen venerada en la cabecera el primer domingo de septiembre, siendo una de las celebraciones mas importantes en es municipio. Otro aspecto a destacar en Santa Cruz son sus poco documentados restos arqueológicos de la época prehispánica, asi como la visita a las cercanas localidades de San Mateo Xóloc y Santiago Cuautlalpan.

El Cristo Negro de Valle de Bravo
Cerca del centro de la cabecera municipal de Valle de Bravo, se encuentra el llamado barrio de Santa María Ahuacatlán. Al llegar, nos recibe su templo, que aunque originalmente parece ser que estuvo dedicado a la Asunción de María, hoy en día es mas conocido por la veneración que se da al Cristo Negro, al que se celebra cada tres de mayo. La fachada del templo es austera. En cierto modo se asemeja al templo parroquial de San Francisco, de la cabecera. Sin embargo, al ingresar nos transportaremos en el tiempo, literalmente, pues ofrece como pocos lugares, una interesante cronología de su evolución, desde un pequeño templo hasta este que actualmente es.

La actual nave principal juega una interesante ilusión. Aparentemente es pequeño, y a la vez no lo es. Resulta ser un templo ciertamente espacioso, lo mismo que alto. Al centro, el Cristo Negro. Curiosamente lo flanquean de un lado la Virgen de Guadalupe y la Asunción, y en el otro extremo, el Sagrado Corazón y un Jesús Nazareno. La historia local habla de su existencia como templo «Del Calvario», donde en algún momento el Cristo empieza a acarrear devoción. Su origen es atribuido a dos historias, un encargo por parte de un hacendado de la región, o bien, un hallazgo milagroso. De cualquier modo, el Cristo con el tiempo es tomado como milagroso. Cierto problemas entre los indígenas locales hacen que los del pueblo de San Gaspar incendien la capilla donde se encontraba. La imagen sobrevive al incendio, pero desde entonces se torna de color negro.
En un cuarto contiguo al templo, se encuentra este espacio habilitado como sala de exvotos, lo mismo que crematorio (de cirios), donde los fieles dejan su testimonio de agradecimiento al Cristo. En el lugar se ven los distintos cendales o paño de pureza que ha utilizado el Cristo(la prenda que ciñe la cintura de la imagen), los cuales se presentan con los milagritos. Se puede deducir por la antigüedad de la tela cuales son los más añejos. No obstante, la mayoría no parece ir mas allá del siglo pasado. Hay algunos, sin embargo, que presentan un estilo más semejante a los que se elaboraban antiguamente en varios lugares, en forma similar a una especie de cresta.

Justo casi al lado del acceso principal, se encuentra una capilla lateral, que curiosamente, tiene su propia capilla lateral. Analizando con detenimiento, se logra averiguar que esta muy seguramente fue la edificación original, y por ello tiene una capilla lateral. Hay que voltear al acceso a esta capilla para confirmarlo, pues encontramos la puerta que permite subir a la torre campanario, hoy incorporada a la fachada principal. Igualmente, sobre el dintel, se aprecia el coro original de este inmueble.
Aparece en el extremo lateral, ante nosotros, el que es uno de los tesoros mejor guardados de este templo, la capilla lateral, que presenta un interesante retablo barroco, en el sentido de que su aspecto hace suponer dos cosas: o nunca fue terminado, o el tiempo lo dañó y hubo de ser intervenido, aunque de un modo poco adecuado. En cualquiera de los dos escenarios, afortunadamente se conserva. Vemos unos ángeles, seguramente por su iconografía arcángeles. Un Cristo yacente en su urna (acaso articulado). Y el remate del retablo, una Trinidad pero con las tres personas presentando los mismos rasgos. Los colores de sus ropajes son los que permiten determinar quien es quien en dicha jerarquía.






























Diferentes formas de entender y celebrar una fiesta que propicia cada año la convivencia y hermandad de un gremio, que lleva cada año a peregrinar, o que conduce a subir pendientes para rendirle culto. Una fiesta que en si misma se ha construido verdaderamente a través del tiempo.
Fuentes:
https://www.ewtn.com/es/catolicismo/fiestas-liturgicas/exaltacion-de-la-cruz-21000











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