Situado al sur de la ciudad de Toluca, cercano a los límites con el municipio de Zinacantepec, se ubica Cacalomacán, nombre de origen Náhuatl que significa «Lugar donde se cazan cuervos con la mano». Contrario a lo que podría creerse, al estar cerca de la capital mexiquense, la localidad presenta un aspecto mas bien no del todo urbanizado, donde aún podemos hallar, principalmente al centro de la población, arquitectura vernácula, además de algunos campos de cultivo en sus orillas, con postales que nos otorgan como telón de fondo al imponente Xinantécatl o Nevado de Toluca.

Como se ha mencionado, el centro del poblado es su mejor carta de presentación ante propios y extraños, que bien podría catalogarse como conjunto arquitectónico, debido a la curiosa cantidad de templos que en el mismo cuadro se encuentran, lo mismo que algunas otras edificaciones que parecen remitirnos por ejemplo a los Portales de Toluca. De todo lo anterior, una buena referencia escrita es la proporcionada por Álvarez Noguera, cuya descripción parece seguir siendo acorde a la actualidad a pesar de tener alrededor de cincuenta años de diferencia:

Cacalomacán es un poblado por muchos conceptos ejemplar: los trazos de las calles parecen haberse hecho siguiendo los lineamientos más estrictos del un urbanismo lleno de sutilezas más propio de una sociedad culta y desarrollada que de un conjunto popular que se desenvuelve en la más pura espontaneidad; en efecto, a pesar de una irreflexiva remodelación, la arquitectura civil, salvo el notable edificio de la delegación municipal, logró conservar su atractivo de conjunto dando a las casas, en lo individual, valores meramente armónicos; las circulaciones conducen, casi siempre, al encuentro con un remate o una referencia fundamental en la organización de los núcleos de construcción.

La arquitectura de carácter religioso, representada por seis edificaciones, ha determinado, en buena medida, los rumbos de crecimiento del pueblo sin afectar su sistema general de trazo. Todos los edificios destinados al culto católico, exceptuando la capilla de Guadalupe – obra contemporánea muy bien ubicada pues se le vinculó con el humilladero sur de la población -, ofrecen interesantes testimonios históricos y populares: la parroquia de La Asunción, que es el templo principal, es un muy buen ejemplo de arquitectura popular del siglo XVIII al igual que la capilla de San Francisco de Asís construida dentro de los terrenos del atrio de la primera; las dos iglesias – la primera erigida entre 1772 y 1788 y la segunda terminada en 1797, según consignan sendas placas- muestran apreciables interpretaciones regionales del barroco especialmente en sus respectivas portadas.

La capilla del cementerio, edificada más tarde u que remate dentro de aquel ámbito la calle Constituyentes, es una obra completamente popular, mientras la de Jesús Nazareno, situada enfrente de la parroquia de La Asunción y fechada en 1837, incluye algunas proposiciones formales neoclásicas cuyo peso dentro de la composición se sujetó al proporcionamiento que exigía la dimensión de la construcción. El ya mencionado humilladero que cierra visualmente el extremo oriente de la calle Hidalgo en la zona sur del pueblo es una realización vernácula, al igual que la iglesia de Guadalupe.

A manera de conclusión, es recomendable visitar localidades como Cacalomacán si se tienen el interés de conocer genuinamente Toluca y su historia, ya que no solo la capital encierra un gran patrimonio, sino también los alrededores mismos de su municipalidad preservan riquezas y joyas únicas de arquitectura, arte e historia dignos de conocerse, como los que ofrece esta población con verdadero sabor toluqueño y mexiquense, digno representante del patrimonio del Estado de México.

Fuente: Álvarez Noguera, J.R; (1981) El patrimonio cultural del Estado de México. México. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.

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