La Catedral Metropolitana de San José, más conocida como Catedral de Toluca, es uno de los inmuebles que más historia encierra en la capital mexiquense. El anterior vendría siendo un nombre mas apropiado para dicho espacio, que adquirió el rango de metropolitana desde 2019, por ser la sede del actual Arzobispado de Toluca, siendo esta la categoría que adquieren las catedrales arzobispales. Además de su territorio, pertenecen a su jurisdicción también las diócesis de Atlacomulco, Cuernavaca y Tenancingo.

La dilatada historia de sus orígenes.

Hacia los años 70, José Rogelio Álvarez realizó su obra «El patrimonio cultural del Estado de México», compendio con una descripción acerca de la arquitectura mexiquense de ese entonces. De una de sus reseñas, se desprende la siguiente, correspondiente a la historia de la catedral de Toluca:

La Catedral de Toluca es el edificio de mayor importancia en el municipio desde el punto de vista de la organización eclesiástica, aunque desde una perspectiva puramente arquitectónicamente no se trata, probablemente del más destacado ejemplo de construcción de un espacio religioso en el centro del Estado. Ha estado en obra desde mediados del siglo XIX a instancias de Buenaventura Merlín, entonces párroco de cierta reputación en Toluca, aunque la erección de la Diócesis – y consecuentemente consagración de la Catedral – procede de 1951, en que tomó posesión el primer obispo, Arturo Vélez Martínez, a quien, por cierto, se deben los mayores avances en la fábrica así como haber conseguido buena parte de los valores patrimoniales que hoy aloja.

La actual Catedral de Toluca ocupa una parte del espacio que correspondió al Templo de San Francisco, desaparecido al iniciarse, con el proyecto del arquitecto Ramón Rodríguez Arangoity, las labores de erección de la sede del obispado. El convento y el templo de San Francisco, este último demolido en 1867, fueron componentes de uno de los conjuntos más interesantes que se hayan construido en Toluca; la capilla – ahora parroquia – de El Tercer Orden es también uno de los edificios más notables de la actual capital del Estado, lo que se evidencia en lo que logró conservarse de su portada, hoy integrada a uno de los muros de la Catedral.

Ha llegado también a nuestros días un fragmento de lo que fue la sacristía de San Francisco, obra de gran fama parcialmente destruida durante algunos combates que tuvieron lugar en Toluca en la época de la Reforma. El prestigio de la sacristía se debió, en buena medida, a la personalidad de su arquitecto y padrino, Felipe Ureña, que la construyó entre 1726 y 1729 (según Antonio Díaz del Castillo) y que más tarde se consagró como un notable creador al hacer el templo de la Compañía de Jesús, en Guanajuato, entre 1747 y 1765, según consigna Francisco de la Maza en su prólogo a la edición facsimilar de 1970 del libro “Mano Religiosa de Fray José Cillero en la obra de la sacristía y altares del convento franciscano de Toluca” del ya citado Antonio Díaz del Castillo, única obra que se ha escrito sobre una sacristía.

Actualmente la Catedral de Toluca sigue sin terminarse pero ocupando un lugar cada vez más destacado en la Plaza de los Mártires, ya que a esa área y a la vecina plazuela Fray Andrés de Castro se les practican mejoras con una frecuencia impresionante. El edificio, que ahora se intenta concluir según un nuevo proyecto del arquitecto Vicente Mendiola, es una obra en la que se ha buscado subrayar, a base de elementos arquitectónicos varios, la importancia de piezas de tanta notoriedad como las esculturas del maestro Tamariz. Parecen haberse tomado de la arquitectura religiosa tradicional mexicana algunos conceptos y hasta varias insinuaciones de formas: La planta presenta tres naves en un intento por administrar el espacio de un modo generoso así como facilitar la instalación de capillas laterales.

En el interior, al igual que en los elementos exteriores, la mayor parte de las estructuras se han resuelto con dobles apoyos que recuerdan los primeros tiempos de las tendencias barrocas, en especial el templo de Il Gesú, en Roma, comenzado en 1568 y que mas tarde sirvió de modelo en las mencionadas columnas pareadas y que soporta las torres, situadas en los extremos; la estructura compositivamente más destacada, la del segundo cuerpo de la portada, terminada en un frontón triangular y en un remate abalaustrado que evoca los de la Catedral de México.
La cúpula es uno de los elementos a los que se ha confiado, en buena medida, la imagen del templo y hasta la posibilidad de representar los perfiles del centro de la ciudad capital del Estado; gracias a sus dimensiones se le puede llegar a considerar una relativa pero cierta interpretación de cúpulas de templos tan célebres como San Pedro de Roma, la Compañía de Guanajuato o la ya mencionada Catedral de la Ciudad de México.

La Catedral hoy

Apenas se ingresa frente a su escalinata, nos recibe la reja con el escudo de Arturo Vélez Martínez, primer obispo de Toluca, originario de Atlacomulco, municipalidad y diócesis hoy sufragánea de esta, y que de hecho se desprendió de su original territorio. Un busto en uno de los accesos laterales de la Catedral nos recuerda a este prelado, que fue uno de los principales impulsores para la culminación de este recinto (el cual se había iniciado desde el siglo anterior, evidentemente no como Catedral todavía. En el acceso contrario, una escultura del Buen Pastor.

Su arquitectura, principalmente neoclásica, es sin embargo de una belleza y elegancia tal que impone, de modo que este recinto es un verdadero competidor con muchas de las catedrales antiguas de México. Se encuentra al fondo del espacio una imagen de San José, el primitivo patrono de la ciudad, y que fue retomado nuevamente en la Catedral. Actualmente corona la nave principal, tras del altar mayor. En uno de los costados del altar mayor, observamos la entrada principal a la Parroquia del Sagrario o Iglesia de San José, hoy anexada al templo catedralicio. Es de un barroco tan singular, que lo hace único.

Cerca de dicho acceso, se sitúa un lienzo de una advocación llamada María Siempre Virgen, que destaca por ser una obra contemporánea que se encuentra también en muchas de las iglesias de este municipio. Relevantes también son los altares laterales. Los hay neoclásicos, lo mismo que barrocos ¿originales? Todos y cada uno con una historia por contar. En algunos de ellos hay fieles rezando el rosario, como el de la Virgen de Guadalupe, la infaltable en cada iglesia de México. Otros oran silentes en la capilla Sacramental, junto a la cual también están las ánforas de los crismas. Nos despedimos de esta Catedral, de todos, creyentes o no, por ser símbolo indiscutible de la identidad mexiquense.

Fuente de consulta:

Álvarez Noguera, J.R; (1981) El patrimonio cultural del Estado de México. México. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.

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