El espacio que hoy ocupa en conjunto la Catedral, la Iglesia de la Santa Vera Cruz, la Plaza González Arratia y los Portales de Toluca, tienen en común contar con un mismo origen, puesto que este territorio se trataba del extinto convento de San Francisco, y que hoy sigue siendo lugar de encuentro de propios y extraños en la también conocida como ciudad del chorizo, que de hecho tuvo gran parte de su impacto desde este sitio.

Un poco de historia
Muy ilustrativa resulta la maqueta que en la antigua sacristía del convento hoy podemos apreciar, en la que encontramos también los diversos espacios que componían el conjunto conventual ya mencionado, el cual se originó en el siglo XVI. Esta antigua sacristía hoy se puede visitar desde los mismos portales, construcción a su vez surgida cuando se eligió a Toluca como capital del Estado de México.
«En 1830 surge el Estado de México como entidad independiente a la capital del país, trayendo como consecuencia la búsqueda del lugar indicado que pudiera recibir a los Supremos Poderes»(Hernández García, 2021)

Es aquí donde destaca el papel de José María González Arratia, quien organiza a los vecinos de la población, en particular promovió la compra de las antiguas huertas del convento, propiciando la construcción de espacios habitacionales en dicha zona. Oficialmente se considera que en febrero de 1832 inicia la construcción de los portales en sí, cuyos fines eran la promoción del comercio, a la vez que dotar de espacios dignos para la administración gubernamental de la ciudad, ahora ya con categoría de capital.
Hoy los portales siguen siendo una arteria comercial muy importante para los visitantes. De igual modo, además de las tiendas comerciales, encontramos oficinas, como la de turismo, donde se exhiben algunas piezas del tradicional alfeñique, que da nombre a la feria que allí mismo se realiza en torno al Día de Muertos.

La Iglesia de la Santa Veracruz
Mención aparte merece este templo, de los originales espacios del conjunto arquitectónico del extinto convento, que, no obstante, es de los últimos en haberse erigido. Nos remitimos a la descripción de José Rogelio Álvarez Noguera, del libro “El patrimonio cultural del Estado de México”


La capilla de la Santa Veracruz, fundada a finales del siglo XVI especialmente para los españoles, fue una de las seis que tuvo la parroquia de San Francisco. Al parecer se construyó con el propósito de alojar al Señor de la Santa Veracruz, Cristo negro que es objeto de importante veneración en el área de Toluca. El edificio actual procede de una larga serie de intervenciones que han transformado, inclusive, las características de su emplazamiento ya que las plazas del centro de la ciudad capital han estado sujetas a continuas reorganizaciones.
Los rasgos de mayor significación de este conjunto son sus componentes barrocos, en especial la portada-nicho, la disposición de los dos cuerpos de ese elemento, y las torres. En la masa de la fachada, pues, se advierte una tardía pero decisiva influencia de los lineamientos compositivos barrocos dado que la forma de nicho
y los apenas insinuados estípites desempeñan papeles relevantes en la organización espacial del edificio.
A las dos torres se dieron soluciones, formas y funciones diferentes; la del sur, el campanario propiamente dicho, fue proyectado y construido obedeciendo más a caprichos que a normas; su apariencia, las distintas calidades de sus dos cuerpos principales, así como la ornamentación en general, si bien revelan cierta inclinación por el lujo, ostentan también un aire de anacronismo que lejos de restarle mérito al volumen, le confiere un carácter popular que quizá originalmente no tuvo. Esa característica se acentúa con relativo vigor en la torre norte – encargada de alojar un reloj – cuyas formas llegan inclusive a la extravagancia.

Algo llamativo de su fachada son las dos esculturas que flanquean la entrada del recinto, un Santiago Apóstol, en su advocación de peregrino, y un San Isidro Labrador. Para ambos casos, la explicación se encontraría en que el sitio fue erigido como iglesia para los españoles de Toluca en el virreinato, de allí que al patrono de España no se le haya representado como el guerrero a caballo que predomina en México, y que también se haya colocado además al no solo patrono de la agricultura, sino además de los madrileños.
El interior es de un estilo muy llamativo, propio del siglo XIX, que recuerda un tanto a la iglesia de San Hipólito en la Ciudad de México, principalmente por su retablo. No es casualidad que de hecho allí mismo se venera a San Judas Tadeo, en una imagen idéntica a la del templo antes nombrado. Igualmente, este recinto recuerda un tanto al expiatorio de San Felipe de Jesús, en la calle de Madero, también de la capital del país. Por último, de toda esta zona, la Catedral es el inmueble que mayormente destaca, no obstante, de este espacio hablaremos en una siguiente ocasión.

Fuentes:


Álvarez Noguera, J.R; (1981) El patrimonio cultural del Estado de México. México. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.


Hernández García, D.A; (2021) De Convento de San Francisco a Portales de Toluca. Análisis sociohistórico del lugar. En CONTEXTO. Revista De La Facultad De Arquitectura De La Universidad Autónoma De Nuevo León, vol. 15, n.º 22.

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